La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Sólo se ser, apostando la vida

Puede que tú prefieras quedarte a mil kilómetros de distancia, mirando como yo despliego y bato mis alas. Seguramente el miedo vive más dentro de ti, a mi cuerpo se lo arrancaron, de cuajo, con un beso y la mejor de las caricias.
Pavor tuve yo muchas veces, mas luego aprendí que así no sé ser feliz.
No entiendo de sentir a medias, de no querer con toda el alma. Renuncié a los abrazos partidos y las palabras borrosas.
Sólo quiero, apostando la vida.
Sólo trabajo, apostando la vida.
Sólo aprendo, apostando la vida.
Sólo sonrío, apostando la vida.
Puede ser que muera, pero habré vivido.
Tú puedes seguir ahí, yo no te voy a pedir que vengas.

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