No me esperen despiertos, hoy tengo partida de mus.
Hace tiempo que no me paso por ese bar, allí con paciencia y diversión me quitaron los vicios de la universidad y, según ellos, me enseñaron a jugar. La verdad es que era un reto, la única mujer, encima muy jovencita, con 8, a veces 9, hombres mayores de 40 años. Cada movimiento que hacía era estudiado y juzgado por todos. Recordemos que encima uno de esos hombres era mi tío.
El hecho es que aprendí, me lo pasé rebien, me aceptaron y me acabaron tomando aprecio.
Hoy vuelvo, ya les contaré.
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