La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Sin solución

Y una maldición
entre los dientes
con sabor amargo y espinas.

En deuda tu aliente
que se encaja
en mis costillas deformadas.

Susurro,
tú sorbes
los restos del naufragio.

Tu contorno
se niega a lo lejos,
bajo estas sábanas
donde tú reverberas
y desapareces.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Caramba, una poesía visceral como las que me gustan a mí.
Me recordaste por un momento a Julia Prilutzky Farni con su "No me mires así, no has entendido, y es inútil tratarte de explicar, no es temor lo que siento, me ha vencido, un tremendo cansancio de pensar"
Gracias por este momento.