La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Silencio heróico

Lo díficil que es caminar todos los días con la prisión del deseo a cuestas.
El mar no cesa de traerme tus recuerdos, tus olores, tus oníricas leyendas.
¡Maldito duende siempre dispuesto a engañarme!
Quiero deshacer el mundo para olvidar los rasguños y el pasado corrosivo.
Ya no prende la chispa adecuada, tenemos los pulmones tan llenos de odio que no aviva fuego alguno.
El hechizo se rompió, se convirtió en condena.
Nuestros nombres condenados al fracaso.
Avalancha de batallas y renconres enjutos.
Despertar y no verte, pero sentirte cerca atronando mis oídos.
Con el alma en los labios vomito los abrazos que te esperan en mi pecho escurridizo.
La apariencia no es sincera y parece que pese más de lo que deseábamos.
Días de borrasca o de resaca.
¡Qué más da!
Opio para el pasado y el futuro.

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