La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Quisiera no pensar más de un segundo en ti

Mentiría si dijera que no me has hecho daño, una vez más aparezco con el corazón reventado por un capricho tuyo.
Te empeñaste en desprestigiar el cariño que te profesé. Has decidido, no entiendo ni cómo ni por qué, que he de arrepentirme de haberte amado y de, actualmente, tenerte cierto aprecio.
Uno no ama un nombre, ama a una persona, con sus valores, sus sueños, sus miedos, sus heridas, todo lo que la conforma. Fui conociendo y compartiendo aquellas piezas del puzzle que eras tú y me enamoré, intenté hacerlo del mejor modo que supe.
Ahora, desde hace un tiempo, parece que tienes una especial fijación para que olvide quien fuiste y aborrezca quien eres.
No puedes hacer eso, no es justo, yo quiero mis recuerdos. Yo no quiero tener que desprenderme de aquellos abrazos que me transportaban al cielo, no deseo perder entre la maldad los besos, las palabras y todo lo que aprendí a tu lado. Guardo un lindo sabor de aquellas, a veces incluso me deleito paladeándolo.
Por favor, si quieres sal de mi vida, aléjate cuanto quieras pero no produzcas más rencor.

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