Hoy no me puedo dormir.
De repente me sentí rotundamente triste, abandonada a la melancolia.
No es la amargura de quien perdió lo mejor que ha tenido en la vida, sino la pena de quien se suicidó conduciendo un coche demasiado deprisa.
Hoy sentí que toda la maldita verdad se me venía encima, con sus dientes afilados y sus garras preparadas.
Maldición.
Ser consciente de que todo fue mentira, de que la vida no fue vida sino una pequeña colección de anécdotas insulsas y caducas.
Confundí lo que no debía.
Me equivoqué.
Me vendí barato.
Me expuse a la derrota.
Me mordí las uñas por quien no debía.
Arrepentirse.
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