Para los seres inertes ya no hay abrazos,
Para los inanimados migajas de besos y caricias opacas.
Porque aunque el corazón suene,
los pies no bailan.
Porque si mataron el amor en noches profanas,
ahora no es tiempo de mendigar en camas vacías.
Que no me pidan más lo de lo que puedo dar,
que es más bien poco,
que es más bien nada.
Las quejas al apuntador,
que yo ya no escucho.
Bocas calladas.
Bocas maquilladas.
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