Raúl decidió que él conducía ese día, lo solía hacer con destreza, ella no dudo en ir de copiloto. En principio era un viaje cómodo por una carretera sencilla. Pero no siempre los planes acontecen rítmicamente.
A la altura del kilómetro veintitrés, Raúl quiso convertirse en un piloto suicida, aceleró el coche. No había razones para preocuparse en exceso, se presumía una interminable recta en el asfalto.
Sin embargo, pasado un tramo, surgieron curvas de las que se recomiendan tomar a una velocidad de 40 kilómetros por hora. El conductor insistía en demostrar su pericia y su pasión al volante. Paloma, su compañera, murmuró una queja. Él la ignoró o quizás no le dio tiempo a oírla, porque en ese mismo instante el quitamiedos engullía la parte delantera del automóvil.
Recuerda poco más de aquella mañana soleada de un lunes cualquiera vacacional. Se despertó en una aséptica habitación de hospital. Habían pasado quince años. Abrió los ojos, estaba solo. Al rato, no sabía decirme cuanto, apareció una enfermera imponente (de esas que pensamos que no trabajan en los hospitales de verdad). Él le preguntó por Paloma, Ella ignoraba quién se escondía tras ese nombre, así que no pudo ayudar a mi paciente.
La investigación del accidente hablaba de un varón indocumentado que viajaba sólo en un coche deportivo a una velocidad muy superior a la que estaba permitida en el tramo de carretera en la que el percance tuvo lugar.
Esta mañana, un año después de despertar, Raúl se ha suicidado.
A la altura del kilómetro veintitrés, Raúl quiso convertirse en un piloto suicida, aceleró el coche. No había razones para preocuparse en exceso, se presumía una interminable recta en el asfalto.
Sin embargo, pasado un tramo, surgieron curvas de las que se recomiendan tomar a una velocidad de 40 kilómetros por hora. El conductor insistía en demostrar su pericia y su pasión al volante. Paloma, su compañera, murmuró una queja. Él la ignoró o quizás no le dio tiempo a oírla, porque en ese mismo instante el quitamiedos engullía la parte delantera del automóvil.
Recuerda poco más de aquella mañana soleada de un lunes cualquiera vacacional. Se despertó en una aséptica habitación de hospital. Habían pasado quince años. Abrió los ojos, estaba solo. Al rato, no sabía decirme cuanto, apareció una enfermera imponente (de esas que pensamos que no trabajan en los hospitales de verdad). Él le preguntó por Paloma, Ella ignoraba quién se escondía tras ese nombre, así que no pudo ayudar a mi paciente.
La investigación del accidente hablaba de un varón indocumentado que viajaba sólo en un coche deportivo a una velocidad muy superior a la que estaba permitida en el tramo de carretera en la que el percance tuvo lugar.
Esta mañana, un año después de despertar, Raúl se ha suicidado.
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