La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Aguas vivas

Este sol ya no me quema.
Nada voy a aprender desde este
ángulo.

Jinete, este caballo ya no es para
ti.

Odiar es demasiado esfuerzo...
y no tengo exceso de tiempo.

Tal vez me eches de menos,
habrá que dejar el sentimentalismo en la otra
orilla.

Estoy aquí dispuesta a cruzar el
río.


Seguirme fue una opción para ti,
imaginar el edén más allá del flujo del
agua.

Líbremente escogiste el exilio.
Nuevos cuerpos que sí desean beber,
no me recetes la sequía.

Corazón no te muevas más,
los hay que no desean andar.

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