La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Olores

Tu cuerpo contra el mío y tu risa, que tanto echaba de menos,
recuperados por un par de horas.
Algo perpleja (todo hay que decirlo)
porque la pasión no se acaba,
ni la amistad.

Y la lluvia sobre la claraboya
(todo un tópico).

Oliendo a ti
dormí toda la tarde.



La mirada oblicua.

Perdí una apuesta pero ahora a quién le importa, si tengo este olor que tanto aprecio. Huelo a impulsos, me corren por la sangre y no voy a frenarlos.

6 comentarios:

Rafael García Librán dijo...
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la punta de mi lengua dijo...

A palabras necias...
ya sabemos

Rafael García Librán dijo...
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la punta de mi lengua dijo...

Necedad. Esta palabra se parece a necesidad. ¡Qué cosas!

Rafael García Librán dijo...
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la punta de mi lengua dijo...

buenos días