Todo lo que le escribí en mis noches de insomnio
él se lo enviaba a ella
como si fuera suyo
(“suyo” de él,
“suyo” de ella;
nada me quedó que pudiera llamar mío
La mirada oblicua.
A, B y C.
Por ese clavel que yo te envié y tú se lo mandaste a otra, Cutre se llama eso.
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