La punta de mi lengua: no soy docil, no lo quiero
La punta de mi lengua
Lo dejé marchar y no me arrastró.
Versos que claman
Me he sentado al sol por la mañana
para que secara mis lágrimas.
Al atardecer, a la espalda,
me empujaba de regreso
a casa.
La mirada oblicua.Últimamente, demasiados presentimientos.
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