El pasado a veces es dulce. A mí me gusta recordarme viendo las películas de Marisol con mi madre y haciendo coreografía con mis primas.
Me satisface acordarme de mil anécdotas, de mil juegos.
Pero no siempre busco consuelo en las historías caducas porque también tengo actos por lo que me toca perdir perdón.
El pasado tiene esa doble cara: blanco y negro.
No puedo borrar el pasado, nadie puede. Pero sí puedo aprender y no atascarme y convertir errores en bucles.
La humanidad tiene pasado, Dachau sin ir más lejos y nadie quiere que aquello vuelva a estar de actualidad.
El pasado no es siempre fructífero, incluso hay formas mejores de aprender.
No hay comentarios:
Publicar un comentario