La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Luces al atardecer


Esa extraña soledad de la que todos nos queremos desprender.
Ese fuego que no arde.
La lealtad a nuestra propias promesas y creencias.
La respuesta ante el sálvese quien pueda.
Una manos que se tocan y se hablan.
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