La punta de mi lengua: no soy docil, no lo quiero
La punta de mi lengua
Lo dejé marchar y no me arrastró.
Toca lamerse los rasguños
Yo ya no existo,
perdí quien soy
siendo quien no era.
Me estoy devorando el alma,
a destalledas,
afiladas.
Me he estancado, sin quererlo,
en las cloacas de mi propio cuerpo.
¡Déjame huellas
pero no heridas!
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