La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Nuestras asperezas las limamos con amor. Pruebenlo, es lo mejor!

Es placentero ver que esa calma que me trasmites puede con todo.

Me atrajo de ti la paz, la paz a la que me transportas sin que yo me de cuenta.

Y me gusta que esa paz impere hasta en los enfados.

¡Si es que hasta discutir se nos da bien! No imagino mejores discusiones, al fin y al cabo, todos sabemos que para construir algo es necesario limar ciertas asperezas. Y no importa si las asperezas se liman con comprensión mutua, voces sosegadas y finales cariñosos.

Me fascina como has manejado la tensión de hoy. Sobre todo a partir de un momento. Me admiro de que tampoco ha podido el mal instante conmigo. ¡Qué bien que lo estamos haciendo! ¡Qué la ilusión no se desgaste! ¡Qué la paciencia no se rinda!

Siempre sumando.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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