
Me colaré todos los días en tu cama,
para abrazarte fuerte casi hasta afixiarte
y agarrate, ahora que soy sólo ausencia.
Voy a susurrarte bajito,
en las noches en que la soledad te de miedo,
en esa oscuridad que te corrompe.
Y pasearé con mi paraguas transparente
por las plazas de tu ciudad,
silbando tranquilamente.
Y me vas a extrañar,
cuando camines sin nadie que responda a esos paso tuyos,
sin nadie que te cure las heridas.
Pero más alante,
ahí donde queda el horizonte,
estoy yo,
ansiosa,
esperándote con los brazos abiertos.
Siempre.
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