Este título corresponde a la película que acabo de ver en los Alphaville (menudos recuerdos los de ese cine). La película me ha parecido una delicia para la vista, los oídos y el corazón. Si bien me ha afectado más de lo que creía.
La felidad está más cerca lo que creemos sólo es que la queramos ver o prefiramos seguir luchando por esos caprichos infantiles e insulsos que pueden llenar nuestros ojos pero no nuestra vida.
La felicidad está ahí a menos de dos metros ( o de 7 kilómetros) pero a veces le damos una patada y nos condenamos al destierro.
Esta película cuenta cómo en los momentos más difíciles, en aquellos en los que parece que la felicidad nos ha dejado huérfanos, sólo hay que saber mirar con los ojos adecuados para ser feliz.
La película tiene más de una moraleja, aunque para mí ha habido una definitiva. La gente demasiado buena acaba siempre sóla, así que ya sé cual es mi futuro.
El film no está hecho para la mayoría de la gente de está época que la puede tildar de semsiblera y utópica. Pero no, aún quedamos unos cuantos que sabemos escondernos para que los demás se celebren a ellos mismo y que optamos por escuchar.
Es un largometraje sin grandes pretensiones ni medios pero que logra algo mucho mayor llamar la atención sobre lindas reflexiones que olvidamos cuando caminamos por la vida.
Destaco que no hay un exceso de diálogos para que el espectador capte el mensaje. El silencio a veces resulta mucho más elocuente. También me gustaría llamar la atención sobre determinados planos y la fotografía. Al igual que los cambios de estado de los personajes.
Una excelente película checa.
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