Sabe esta noche a amargura de la que hiere,
a traición planeada por la extraña alma que me habita,
a sueños proyectados por mi mente,
a ti: Dionisio, dios del exceso y la pasión.
Vienen a arroparme sombras que se pierden,
se esfuman entre hoy
y
ayer,
cual beso convertido en ser inerte,
cenizas del tiempo que se ahogó.
Lluvia que borra sus huellas de mi asfalto,
mi cuerpo, tallo que intenta renacer,
centímetros de olvido y sangrante subconsciente,
mordiscos que provoca la razón.
Camino ninguno, tal vez arrasado por mi llanto,
gota a gota recogida por mi pecho,
cuna de la locura que corrompe mi suerte,
prisión de aquello llamado corazón.
Amanecer de un nuevo día, el que sueño y no llega,
fragmento del drama que ya he hecho,
aquel que me condujo hacia mi muerte,
atajo hacia otra decepción.
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