La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Con cien cañones por banda.

Hay gestos que no podré olvidar en la vida. Detalles que a primera vista pueden parecer insignificantes. Movimientos que para un despistado traunseunte puede no implicar nada, pero que para mí, curiosa observadora, son la vida.
Esa vida que hoy paledeo dulcemente y que me obliga a sonreír a diestro y siniestro. Esa vida que me lanza a volar.

Ansias

Sentir, sentir que no pertenezco a nadie y querer ser a tu lado al despertar, cuando tu torso desnudo me da los buenos días.
Trasnochar, perder el sueño, derretir tu cuerpo, comerme el tiempo.

Quemando

Yo conquisto el calor que tú necesitas
para entregártelo de noche, cuando no sabes que te observo.
Pierdo el culo por correr a tu lado y abrazarte bien fuerte
cuando te persiguen los dragones.
Soy así,
vivo así.

Mi cuerpo en verano

Mi cuerpo es de arena y danza con el viento.
Mi cuerpo que se desparrama, se torsiona y se rompe en mis pedazos
que acaban enfrentados a las olas del mar.
Allí donde el silencio sólo se ve destrozado por el ruido del agua machacando las rocas.

Que... ¿Qué he hecho este fin de semana?

Parecía presentarse un fin de semana sin grandes pretensiones. Mi plan inicial consistía en ir al teatro. Muerte de un viajante, era el título elegido. No defraudó. Me parece una obra muy recomendable. Son más de dos horas con intermedio, que no se me hicieron aburridas ni pesadas. Reconozco que me removió bastante por dentro, pero no me importa, en parte, elijo ese tipo de espectáculos porque sé que me van a pinchar, sé que me van a obligar a pensar e irme a la cama con cierta amargura.
El sábado iba a ser un día normal, sin embargo, un lindo mago lo convirtió en una deliciosa jornada. Tomamos rumbo a Zaragoza, sin que yo supiera realmente a donde me llevaban. La pocina consistía en ver a unos de mis cantantes favoritos: Enrique Bunbury. Reconozco que inicialmente no me lo tome muy bien, no soy experta aceptando regalos ni sorpresas y menos cuando no tienen por que hacérmelas. El caso es que cuando dejé de hacer el estúpido, sonreí y disfruté como una enana de la aventura. Aventura sin duda porque íbamos a loco, sin alojamiento y sin nada. Menos mal que cuando me junto con mi compinche la suerte siempre nos acompaña.
Salió un día precioso.

Atrapada

Estoy durmiendo con un nudo en la garganta. Lo noto tanto que duele y, en ocasiones, incluso llega a cortarme la respiración. Me acuesto con ganas de llorar y me levanto con el mismo sentimiento.
No sé como hacer para alejar esa pesada sensación de mi estómago y de mi cabeza.
Allá donde voy me estrangula, me aprieta y me paraliza. Taladra mi cabeza de un forma tan dolorosa que se me hace imposible centrarme en otra actividad. Vuelvo a llorar, aunque sin que salga una sola lágrima, porque estoy acompañada y no quiero que sufran conmigo, porque no lo entienden.

Anotaciones

El viento hace saltar

sobre mí

miles de ideas

y yo...

no las entiendo.

Misterios

Barcelona, mayo del 2007. Un escritor callejero me escribe una dedicatoria:
Rebeca y la posesión para soltar.
Algunos días no hago más que darle vueltas a esta frase.

Sensación

He comenzado a despedirme,
he empezado a recoger los pedazos de corazón que fui olvidando en tus sábanas.