La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Aprender

Aprendí que las buenas palabras no pueden quedarse en el tintero porque puede ser que mañana ya no pose mi mano sobre la tuya, de noche, al acostarnos.
Aprendí que los besos que no ofrezco se pudren y ya no sirven, ya no sanan. No quiero guardármelos porque no son tesoro si tú no los sientes.
Porque, cual adolescente, siento que te amaré toda esta vida, la que ahora estoy disfrutando. Pero, quizás esta vida sea demadiado corta.

Morir

Indagué en tu piel para descubrir
las claves con las que adentrarme en tu cuerpo.
Choqué irremediablemente contra tu silencio
y ese misterio atormentado que ocultaba tus sueños.

Esta vez no puedes salvarme,
porque ya me rendí,
ya me deje morir, junto a tu almohada, entre tus sábanas.

Suicida desde el principio,
nunca ignoré la realidad que se clavaba
ni intenté placar el dolor que provocaba.
Preferí sufrir el calvario para morir.

No me beses, mis labios están fríos,
no sienten, no se mueven,
no puedes salvarme.

Mágicos momentos

Me emociono cada mañana viendo tu rostro reflejado en el espejo mientras me cepillo los dientes.
Magia cotidiana.

Tieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeempo

No qué hago con el tiempo que resbala entre mis manos.
Hace nada contaba que me iba a Granada. Resultó que también me fui a Córdoba.
Ahora ando a punto de escaparme a Berlín, luego toca Escocia y ... mil sueños más que viviré.