Cárcel y cuerpo
Marta. Su condena bien anclada a las piernas, con un cuerpo envenenado que no aguanta muchos más combates ni muchas más llantinas. Dos padres inquisidores, distantes y ausentes. Ningún novio en la lista de decepciones. Siete años en el mismo trabajo, sin motivaciones y con los sueños dispuestos en línea para ser fusilados. Una niña, Marta, con la constante sensación de querer salir volando. Una joven, Marta, con todo su futuro enjaulado en su rígido pecho y su piel sonrosada. Una mujer, Marta, con la vida cansada. Una anciana, Marta, con las entrañas desgastadas y el miedo susurrando derrotas. Un fantasma, Marta.
Una mañana observa su imagen en el espejo y se da cuenta de que ya no es Marta. Ahora, podría ser cualquiera. Mira su cara, arada por las uñas del tedio y el desprecio. De repente, suena el teléfono. Respira profundamente, puede ser esa noticia que lleva demasiadas jornadas esperando. Nuestra protagonista mantiene una conversación breve, cuelga el aparato, se viste apresuradamente y sale con el estómago vacío de casa. De camino al metro, se olvida de saludar a la dueña del kiosco y accede a la estación. No hay tiempo que perder. Por fin, alcanza el destino deseado.
Entra despacio, se acerca al mostrador y pregunta por la persona que efectuó la llamada en cuestión. Le responden amablemente y, con decisión, se dirige al sitio indicado. Accede a una aséptica habitación, donde mantiene una conversación directa y suculenta. Marta siente que su boca se hace agua, confía en la persona que hace de interlocutor y es consciente de que allí sí se pueden obrar milagros. Marta es atea, así que evidentemente, no está en una iglesia. Se desviste y siente la necesidad de despreciar por última vez su cuerpo. Ahora toca ponerse algo más ligero y sencillo, una bata y unos patucos. Se tumba y la desplazan. Se ríe y la duermen.
Mañana, al despertar, Marta ya no será Marta será, al fin, Marcelo.
2 comentarios:
Algunos cuerpos son una cárcel, pero nuestras almas siempre pueden ser libres. Besos!
Qué fuerte, no me esperaba el final.Excelente relato, y más por lo breve.
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