La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Una viaje en el tiempo


Ayer por la mañana, de camino al concierto de Myriam, tuve una visión mágica (del concierto ya hablaré porque también fue muy especial). Lo que observé fue como viajar al pasado pero sin máquina. Delante de mi coche, en el Paseo de Extremadura, un seat con matrícula sólo numérica (es decir un vehículo antiguo). En la parte superior del mismo, una maleta, una silla y una sombrilla. No os podéis hacer a la idea del tiempo que también tenían esos objetos. Ojalá hubiera llevado una camara de fotos, no de la época que esta reviviendo claro, y hubiese podido hacer una instantánea. ¡Una pena!

La maleta era de tela, con el asa de madera, de un color beige envejecido (creo que este tono no era el original sino producto del paso del tiempo) y cierres manuales. La silla blanca, agrietada, marcada por el exceso de uso.

Imagino el traje de baño que podría ir en esa maleta, casi de cuerpo entero, de rayas o lunares, pero hasta las rodillas.

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