Temprano, me levanté demasiado temprano. Tú ni lo nostaste, eso me agradó porque no tenía ganas de dar explicaciones sobre lo que me alejaba del sueño. Cogí mi ropa con cuidado y me escabullí. Tampoco me apetecía irme a mi casa, llevaba escrito en la cara el dolor y no sentía la necesidad de contestar a una interminable lista de preguntas.
Mientras encendía mi coche, me llegó tu mensaje "he oído el nombre que pronunciabas en sueños. Si escapas así ahora, no te molestes en volver". Estuve tentada por ir de nuevo a tu apartamento y conversar sobre lo extraño del suceso, pero, realmente, tampoco yo sabía a qué venía ese nombre en sueños y, además, hacía tiempo que buscaba una razón para no seguir con una relación que no convenía a nadie. Puse la radio y arranqué. No me preocupaba lo más mínimo esa ruptura, o mejor dicho abandono. Estaba inquieta por ese nombre que había resonado en mi cabeza durante toda la noche.
Pasaron varias noches en las que sucedía lo mismo, no conseguía dormir más de horas consecutivamente. Me levantaba cansada, empapada en sudor y dolorida.
Sólo había una solución y logré que la persona a la que le pertenecía el nombre compartiera mi cama.
No hay comentarios:
Publicar un comentario