Lucía (u otro nombre), 7 años, siempre lleva una canica blanca y reluciente en su bolsillo, es su tesoro. En clase no atiende, se pasa el día con la mano en el bolsillo, acariciando ese pequeño mundo que habita en sus pantalones. Sus profesores se enfadan con ella. Su madre tiene que asistir a constantes reuniones donde le cuentan lo poco motivada que está su hija en el colegio.
Una mañana, al prepararle la ropa para ir a la escuela, su madre descubre la canica y la hace desaparecer. Lucía cree haberla perdido. Ese día tampoco atiende sólo un pensamiento ocupa su cabeza, dónde estará su canica. Lucía nunca descubrirá que aquello no fue una pérdida, sino un robo.
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