La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Aprendan a oler

Cerrar los ojos
para oler, allá donde esté,
el perfume de tu coraje.
Eres impetuosa decisión
y ardiente sabiduría.
Voy de tu mano por la vida,
de tu mano noche y día.

Me llaman loca,
por seguir acostada sobre un recuerdo
que dicen que desprende cierto hedor.

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