La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Moribunda

Gritando versos
meciéndome con el viento feroz.
Para irme lejos
donde no penetre tu voz.

Sostenme con tus dedos,
hazme padecer amor,
clávame tus ojos de hierro forjado
y retuérceme de dolor.

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