La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Dos metros que se multiplicarán

La distancia perfecta son dos metros.
Estás cerca para corromper mis sentidos con tu presencia, para dejarles que se emborrachen contigo, con tus olores y tu voz.
Estás lejos para que no me roces, para que no oiga el reclamo de tus labios ni me afecte como varía el ritmo de tu respiración.

Dos metros,
sólo dos metros ni más ni menos.
Dos metros que serán cuatro cuando las ardillas vuelvan a corretear por el retiro, que serán ocho cuando volvamos a estrenar bañadores, que serán incontable cuando ya no recuerde tu nombre.

No hay comentarios: