La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

De adioses pasivos

Estoy saboreando la distancia, la que me permite volver a abrir mis alas hasta que llenen de oscuridad todas las tierras que me cobijan.
Estoy relamiendo que la soledad ya no va a venir a llamar a mi puerta.
Me gusta saber que ya no seré abrigo para falsos inviernos.

Y en el fondo sé que esto me está haciendo más fuerte cada día, más madura y de alguna extraña manera más feliz. Porque no me oculto, ni corro a lanzarme en brazos extraños. Porque cada día me despido con más elegancia, más sonrisas y menos lágrimas.

Porque cada día soy más yo y menos otros.

No hay comentarios: