La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

circulamos

Te mecería
cada noche que te desvelas
y enloqueces
en la tormenta.

Tienes mil espinas
que te arruinan por dentro
calenturas para el alma
que ya no busca alimento.

Sírvete de mis sueños,
pasados y enredados,
a pelo
y a tu boca.

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