La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Aquella pasión sólo dormía en un corazón

Y de repente...
Se te vienen encima los recuerdos, con sus ojos desgastados y sus dientes puntiagudos, para darte un beso en la mejilla y dejar su impronta de dolor.
Te toca el hombro el contorno desfigurado de los buenos tiempos: los de las risas, la confianza, el amor, las anécdotas, los ritmos especiales, las noches eternas, las conversaciones infinitas, la escucha soñada.
Saltan sobre ti para arrasarte 4320 minutos de sueños rotos y perdidos.
Y te sientes transportada a otro tiempo, tan lejano que ya por si solo no acontece, aquel tiempo en el que erais dos personas dejándose mecer por el viento. El tiempo de las caricias, de combatir el frío con abrazos inmensos, de noches sin ocio pero también sin aburrimiento (casi a la inversa que ahora), de reflejarse en el espejo y admirar una sonrisa, de ser feliz.

Y te marchas cabizbaja y llorosa, porque sabes que aquello fue todo un sueño.

...Aquella pasión sólo dormía en un corazón.
Y encima hay que tolerar bromas sin gracía que duelen.

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