Mis ojos se cierran y se esconden de la luz, de tu luz.
Los amigos se escuchan, se respetan y se comprenden. Así se comportan los amigos. Quedan a veces para compartir tardes o noches en el cine, en el teatro o en un bar. Charlan animosamente y bromean sobre como les va tratando la vida. Los amigos, a veces, se fallan pero los errores pasan desapercibidos porque se presupone la buena intención.
Nuestra amistad pende un hilo demasiado fino. Puede quebrarse en cualquier momento. No hagamos nada reprochable, ni intentemos sacar partido de la situación. No estamos en este mundo para aprovecharnos de las flaquezas de los demás, sino para ayudarles a ser más fuertes, a luchar contra las debilidades, a sacarlos del lodo cuando sea necesario. La amistad hay que regarla y cuidarla para que no se marchite y se quede arrinconada en una habitación sin luz. Hay que estar dispuesto a escucharlo todo, desde el respeto y desde el cariño. Yo voy a estar aquí con mi amistad preparada a combatir las horas muertas. ¿Y tú?
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