La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Tampoco el presente cabalga libremente

Cuando los dedos adecuados saben donde pulsar,
mi cuerpo se despierta,
se tensa,
se enfrenta a una constante lucha entre sentir y regalar.

El cuerpo conoce, tiene memoria,
arrastra alegrías del pasado a nuevos tiempos.
Ofrece dulces bocados de miel y
placeres para conquistar tu piel.

Pero, tristemente el pasado viene con menos ritmo,
los segundos eternos son ahora instantes pasajeros,
bailes más monótonos, instintos menos duraderos.
Quizás mis papilas gustativas perecieron...
muertas y enterradas,
ahora sólo queda pedir una oración por ellas.
Sólo estoy decepcionada de mis propios sentimientos.

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