Ayer vi un fantástico anochecer junto al templo de Debob,
me falló la compañía (aunque luego se portaron y no lo digo en reprochando nada),
al menos tuve un espléndido libro entre las manos,
con el que disfruté de un momento mágico en uno de los lugares más lindos de la ciudad que me acoge día tras día.
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