La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Me dices que no cocine

Me dices que no cocine, que si no me gusta, no haga aquello que no me apetece. Es lo bueno de estar contigo, de estar siendo, que no tengo que cumplir una larga lista de obligaciones engorrosas.
Me dices que no cocine, que guarde mi energías para otras partes de la casa,
para bailes desconocidos y febriles, para apoderarme de tu cuerpo cuando se fracture la calma.

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