No hubo ocasión de encontrarnos en lugares pacíficos,
éramos proclives a las batallas caseras.
Con cierta gracia al principio de la guerra,
con exceso de dolor conforme yacían los cuerpos en la tierra.
Demasiada armas para dos personajes solitarios,
que desconocían como se dirige un ejército
que pretende conquistar un mundo que no está hecho para ellos,
un mundo cruel que les niega la existencia y les corrompe los sueños.
Llegó la despedida y las muertes,
surgieron los abrazos sin sentido y sin color.
Adioses como alfileres que se anclaban a la ropa,
besos que me asfixiaban en las noches de amor.
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