La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Reminiscencias VI. Oda a los recuerdos mal digeridos.

Me dijeron que me lo merecía,
me dijeron que no había para mí otra opción.
Me dijeron que no habían paladeado la felicidad a mi lado.
Ya pasó, fuego se apagó. Nosotros nos quemamos.


Aún sangro, pero cada vez menos. Me lamieron las heridas.
Y la soledad me sienta bien.

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