La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Papelitos acaramelados


Por lo demás no ha cambiado nada,
pero nada sigue igual.
No se puede vivir del recuerdo,
ni vivir sin recordar.


Los papelitos encuentran su mejor ubicación en la basura, decía mi madre. Pero cada uno es libre de disponer de ellos a su antojo.

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