
Ella está siempre merodeando.
Ella camina sin rumbo, sin objetivo.
Antes, le hubiera comido la ansiedad.
Un camino que no servía para volver a casa, no era cómodo ni adecuado.
Ahora disfruta de vagabundear por callejuelas desconocidas,
otras son las de siempre.
Pero, con diferencias,
ya no pasa de los felpudos.
Y si entrara, no se limpiaría los pies.
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