La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

La gata sobre el tejado caliente de zinc



Ella está siempre merodeando.


Ella camina sin rumbo, sin objetivo.

Antes, le hubiera comido la ansiedad.

Un camino que no servía para volver a casa, no era cómodo ni adecuado.

Ahora disfruta de vagabundear por callejuelas desconocidas,

otras son las de siempre.

Pero, con diferencias,

ya no pasa de los felpudos.

Y si entrara, no se limpiaría los pies.

No hay comentarios: