Hoy Madrid huele distinto,
huele a generosidad y entrega.
Sabe a noches de juegos inocentes y sencillos.
El pasado me persigue,
dudo si me quiere susurrar algo al oído.
Hace mucho de su tacto, más de 365 lunas.
Sin embargo, mi memoria, la que me juega malas pasadas,
guarda cada uno de los versos que escribimos en noches de luna llena y miradas infinitas.
Etorrio na.
Podiamos haber hecho una performance en la calle Príncipe de Vergara. Yo estaba inspirada y fluía. Bolsas de basura y bancos a los que encaramarnos. Gritarle al mundo entero, los secretos que sólo tú y yo sabemos. Pero decidimos, contarnoslos a solas. Performance para dos, sólo para dos.
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