Escucharte contar lo que fuera sobre tu carrera, sobre tu equipo,
sobre esas mil cosas que suceden en tu vida.
Esperar como una adolescente en la puerta de mi casa o de mi
trabajo a que aparecieras, cuando el corazón galoba como una caballo.
Verte sonreir.
Jugar al trivial.
Ir al cine.
Dormir contigo y hacerte el amor.
Hablar por teléfono de forma inesperada y notar como se eriza la piel.
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