La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Emocionante era...

Escucharte contar lo que fuera sobre tu carrera, sobre tu equipo,
sobre esas mil cosas que suceden en tu vida.
Esperar como una adolescente en la puerta de mi casa o de mi
trabajo a que aparecieras, cuando el corazón galoba como una caballo.
Verte sonreir.
Jugar al trivial.
Ir al cine.
Dormir contigo y hacerte el amor.
Hablar por teléfono de forma inesperada y notar como se eriza la piel.

No hay comentarios: