La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Arroyo

de 10 de la mañana a 9 de la noche por el Puerto de la Morcuera. Caminando, oyendo el agua del arroyo. No puedo quejarme del fantástico día que pasé.
Charlamos eternamente y descubrí ciertas cosas nuevas sobre Eloy y sobre mi misma. Me salió cierta melancolía, menos mal que me duró poco.

Este arroyo se lo tengo que mostrar al mundo yo.


Susurrando: A veces te echo de menos, a veces me gustaría llamarte y saber qué tal estás. Me pregunto por tus trabajos, por tus exámenes. A veces me gustaría saber qué tal va a tu equipo. A veces... pero pocas.

2 comentarios:

Rafael García Librán dijo...

Si fueran "muchas" veces, sería un problema.
La cantidad "pocas" es lógica y hace que las cosas sean, por fín, más fáciles.

A mi también me pasa aunque no en esa subjetiva ínfima cantidad. Quizá no me parezcan tan "pocas" porque comparadas con antes no son "muchas" menos. Quizá ese fue uno de mis múltiples errores.

la punta de mi lengua dijo...

Muchas o pocas qué más da...
Cómo se mide eso...
Pocas... e impersonales. Así se funciona ahora.