La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Abrazos, miradas. Oda a las callejuelas corporales.-

Hay quien me desconoce,
juzgando que no me gustan los abrazos.

Me encantan los abrazos,
pero los cuido mucho, se los ofrezco a quien me conoce.

Mil abrazos regalé este fin de semana.
Tú me conoces,
tus calles llevan mi nombre.

No hay duda.


- Gracias, echaba de menos que me dijeran que estaba guapa con ese brillo en los ojos propio de los enamorados, donde el pudor se apodera de las pupilas que casi ceden a la gravedad, pero el corazón no les deja y las alza hasta los cielos-.

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