La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Quiebro

Tramo eventos memorables,
momentos épicos y atemporales,
que nunca me devuelven
la imagen proyectada.

A veces mis manos pasean
por donde mis pies ya no transitan.
Quizás lo que reclama mi alma
ya no sacia reclamos racionales.

Y me difumino entre sombras pasajeras,
de aquellas huellas que perduran en mi asfalto.
Soy la nada que dejaste anclada
en alguna calle del dolor.

Parece que cada vez soy menos yo,
que sin saber cómo aunque sí cuándo
me he perdido y no logro ubicarme,
no ayuda esta desazón.

Anoche vi que la felicidad se iba de juerga y no volvía a casa. Experimenté un extraño sentimiento en mí. Suele pasar que por muy mal que camine el mundo, yo guardo la ilusión de mis pequeñas cosas, creo en las personas, en sus ganas por mejorar y siempre me consuela poder estar a su lado para ver como evolucioana hacia grandes individuos.
Y de repente, cuando quizás las cosas toman un cariz, más positivo y proyectivo, yo me freno y veo con claridad que algo falla de nuevo, vuelvo a no llegar. Es sintomático de lo que vendrá a continuación. La sucesión suele ser siempre la misma. Las palabras de ayer fueron el preparados, sólo queda el listo y el ya para salir corriendo.
Y ahora dudas, lo que nunca dudaste, y si sales corriendo tú primera o si le haces correr tú ya mismo. Soy experta en echar a gente de mi lado, conozco los modos, aunque no los use habitualmente. Pero la verdad es que tengo las palabras listas, más que nada para que esta vez nada me venga por inesperado.

No hay comentarios: