La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Ni Bilboko neska naiz



Mañana a estas horas estaré un poco más cerca del mar,
de ese mar cantábrico que me despierta de mi letargo y me hace enfrentarme a la vida con más energía.
Mañana a estas horas me quedarán unos 100 kilómetros para llegar a Bilbao
y ver de nuevo a esa linda ciudad que tan bien me acoge y tantos buenos momentos me ha regalado.
Porque a esos paisajes les debo más de la mitad de lo que soy,
porque esas calles me han enseñado, con paciencia y sabiduria.
Porque allí está la mejor persona que ha pasado por mi vida,
aunque esa misma vida nos haga, ahora, caminar de lado.
Gracias, Salbatore!!
Por las mil lecciones, por haberte enfrentado mil veces a esta niña caprichosa y pedante y enseñarle que la vida no era algo que ella podía regir conforme a sus intereses y placeres.
Gracias por trasmitirme calma, en todos esos momentos en los que yo sentía, por naderías, que se me acababa el mundo.
Gracias por escucharme, por interesarte por todas mis cosas, por todo lo que soy y por lo que quería llegar a ser. Por estar ahí, siempre dispuesto y preparado.
Gracias por incluirme en tu vida, por dejar que aprendiera contigo y de ti, por acercarme a gente maravillosa de la que tengo tan gratos recuerdos. Por estar siempre orgulloso de mí y por confiar siempre en que llegaría a ser una buena persona.
Para ti, que lo mereces todo, mis mejores deseos.
Porque contigo he aprendido tantas cosas que no sería ni la mitad de lo que soy.
Te echaré de menos, todos los días.
Pero uno, a veces, acepta que la gente se merece avanzar y no se deben frenar los pasos de los demás. Porque hay que dejar paso a otra gente, a otros sueños y a otras inquietides.
Yo, contigo, me hice grande y poco sabia.
Tú ya lo eras!!!
Mi devenir...

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