La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Lo que sale

Vivir aferrada a un cuerpo es más duro que engancharse a un alma,
porque un cuerpo muerde, estrangula y mata.



Un cuerpo, como el tuyo,
contamina y
satisface deseos profundos
pero deja huérfana a mi alma.

Pero yo sigo vendiendo mi alma,
mi cuerpo,
a lo que salga.


Sólo porque me ha gustado lo que salía.

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