La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Hablando por hablar

Cuentan por esas calles que en ocasiones recorro que tropezar tres veces con la misma piedra no es bueno. ¿Y cuándo son cuatro o cinco o más? Entonces ya es enfermizo ¿no?. Hoy no tengo esa sonrisa permanente en mi boca, hace unos minutos sí pero a veces toca afrontar la realidad que nos rodea y no vivir como siempre colgada del un hilo, soñando por soñar.
La memoria es traicionero y perfora los sentimientos, las percepciones que tenemos sobre nosotros mismo. Yo ya no soy esa chiquilla vivaz que veía cercana la felicidad, no ahora soy lo que no quiero ser, una persona perdida que no sabe por qué se ha emperrado en hundirse a sí misma, por qué esa fijación con no salvarse a una misma.
Yo ya no sé que soy, ya no sé que quiero. O sí, pero sé que es de locos, de locos como yo.

No hay comentarios: