Duerme tranquilo,
yo velaré tus sueños.
Descansa,
entre tus sábanas está mi cuerpo,
desnudo,
sencillo,
cuidando de ti.
Huele a sueños,
exiliemos el dolor y las malas palabras.
Intentaré colmarte de halagos,
de lindas caricias
aunque sepa que no llegaré.
Mi mano seduce a tu piel,
cabalga libremente por tus pliegues,
esos que fueron míos
y, aunque ya no quiero reconquistar,
a veces es gustoso perderse en ellos.
Mi mano, pequeña y cercana,
ya la conoces,
ya sabes que te gusta,
ya sabes que no te calma
pero al menos momentáneamente te sacia.
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