La punta de mi lengua

Lo dejé marchar y no me arrastró.

Así me va...

Nunca he creído en los halagos inciertos,
ni en los placeres baratos.
Prefiero las palabras con sentido, aunque sean duras pero que no pierdan el referente.
Yo ya no sé a qué agarrarme,
qué pensar ni qué esperar.
Odio la sensación de incertidumbre y aborrezco el fracaso.
Quizás, ahora que se aproximan los cuerpos,
yo me voy borrando del mapa.

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