Nunca he creído en los halagos inciertos,
ni en los placeres baratos.
Prefiero las palabras con sentido, aunque sean duras pero que no pierdan el referente.
Yo ya no sé a qué agarrarme,
qué pensar ni qué esperar.
Odio la sensación de incertidumbre y aborrezco el fracaso.
Quizás, ahora que se aproximan los cuerpos,
yo me voy borrando del mapa.
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