Se despertó temprano y le extraño no ver otro cuerpo vagueando a su lado. Ella solía preparar los cafés por las mañanas. Corrió a la cocina pero ni rastro del hombre con el que compartía las mañanas. Junto a la cafetera una nota, sólo cinco palabras: me voy a buscar trabajo.
No acertaba a entender nada. ¿Qué había estado haciendo su pareja desde hace dos años todos los días? ¿De dónde salía el dinero con el que afrontaban parte de los gastos? No iba a llamarle. Saber que le habían mentido era suficiente para cambiar la cerradura de la casa. No había excusa, ni explicación posible para más de 730 días de secretos dañinos.
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